Mariano Rajoy acudió al plató de Antena 3 con la intención de demostrar a todos los españoles que sigue siendo un tipo gris. Lo consiguió. Salió Mariano Rajoy al plató de Antena 3 y España se volvió a fijar en lo que Arturo Pérez-Reverte ha llegado a definir como un trozo de carne con ojos. Entrevistado por Gloria Lomana –a la que no hay que atribuir ningún gen común con Carmen, tal y como esta última aclaró anoche en Twitter-, el presidente se mostró como el viejo conocido que ya es para todos nosotros: opaco y monosilábico.
Eso despertó indignación en algunos sectores de la población que mi jefe justifica alegando que quizás esperaban ver cómo, súbitamente, nuestro gris mandatario se encendía ante las cámaras en un ataque de carisma que nos llevase a todos a creer con él. Lejos de cumplirse el sueño, como digo, Rajoy estuvo comedido en magnitudes y molesto cuando alguna pregunta llevaba más picante de lo pactado.
Exclusivas ninguna, claro. Buenas palabras para Alberto Ruiz-Gallardón y Cristóbal Montoro, menciones amables para José Manuel Soria y silencio se rueda para José Ignacio Wert, que tiene el dudoso prestigio de casi haber escindido él solo y sin ayuda de nadie, con algunas de sus declaraciones, a Cataluña del resto de España.







