Una vez finalizada la Cumbre del G20 celebrada en Pittsburgh, la mayor parte de los analistas coincide a la hora de calificar lo ocurrido como algo absolutamente previsible. Existe un sistema tradicional de eficacia probada para eludir el fondo de la cuestión y dar una impresión de unidad a la población afectada: enunciar un montón de buenas intenciones, crear comisiones de estudio y pactar una declaración kilométrica conjunta, con pocas realidades tangibles.
Un asunto sobre el que resultaba necesaria una respuesta era, sin duda, el relativo a las más que exageradas retribuciones de los altos ejecutivos del sector financiero internacional. Los ciudadanos de todo el planeta tienen la incomoda sensación de que a estos profesionales de élite les ha salido casi gratis convertirse en más multimillonarios de lo que ya eran tras haber arruinado al mundo. Y la respuesta del G20 ha sido encargar a un grupo de expertos un informe que no estará listo hasta la próxima primavera.
Acceda a la versión completa del contenido
Un G20 con mucha letra y muy poca música
El aviso supone el cuarto plazo anunciado por Trump desde finales de marzo, en un…
La entrevista se publica en vísperas del juicio en la Audiencia Nacional, donde Bárcenas comparecerá…
El enfrentamiento político en torno al Guernica de Picasso ha escalado con un cruce directo…
Diego Carcedo era un periodista completo que manejaba todos los recursos de la profesión. De…
Las conversaciones entre Washington y Teherán podrían alcanzar un punto de inflexión en cuestión de…
El exlíder de Podemos sitúa el foco en el papel actual de los medios de…