Un G20 con mucha letra y muy poca música

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Una vez finalizada la Cumbre del G20 celebrada en Pittsburgh, la mayor parte de los analistas coincide a la hora de calificar lo ocurrido como algo absolutamente previsible. Existe un sistema tradicional de eficacia probada para eludir el fondo de la cuestión y dar una impresión de unidad a la población afectada: enunciar un montón de buenas intenciones, crear comisiones de estudio y pactar una declaración kilométrica conjunta, con pocas realidades tangibles.

Un asunto sobre el que resultaba necesaria una respuesta era, sin duda, el relativo a las más que exageradas retribuciones de los altos ejecutivos del sector financiero internacional. Los ciudadanos de todo el planeta tienen la incomoda sensación de que a estos profesionales de élite les ha salido casi gratis convertirse en más multimillonarios de lo que ya eran tras haber arruinado al mundo. Y la respuesta del G20 ha sido encargar a un grupo de expertos un informe que no estará listo hasta la próxima primavera.

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