Los trabajadores de Madrid Destino, el nuevo nombre de la empresa municipal dedicada a la cultura, se enfrentan a un futuro incierto. Los trabajadores de Madrid Destino, el nuevo nombre de la empresa municipal dedicada a la cultura, se enfrentan a un futuro incierto.
Sin que aún se hayan apagado los ecos del último conflicto laboral provocado por la gestión del Ayuntamiento de Madrid, esa huelga de limpieza que, afortunadamente, parece haberse saldado sin despidos, empiezan a escucharse nuevos rumores de ERE que afectan a otras empresas municipales. Especialmente a Madrid Destino, la compañía en la que ahora, entre otras cosas, recae la gestión de los teatros municipales.
De momento, a los trabajadores sólo se les ha explicado que habrá un ‘cambio de modelo’ de gestión y que el Consistorio, o mejor Pablo del Amo, el nuevo consejero delegado de la compañía, famoso por sus ERE en Repsol, se propone ‘deshacerse de las actividades no rentables’. Algunos interpretan que, en el caso de los teatros, se trata de privatizar la taquilla y dejar que todos los madrileños paguen el mantenimiento de los edificios.
Un curioso sistema de gestión privada, que denominan externalización de los servicios públicos que, según se ha visto en la mayoría de los casos, deteriora la calidad de la oferta, no asegura ahorro cierto a los contribuyentes, e incluye, sí o sí, la destrucción de un buen número de puestos de trabajo.
Lo de menos, en este momento, es que el próximo objetivo hacia el que se apunta sean espacios culturales. Aunque, obviamente, este aspecto tiene también su importancia, por supuesto. Lo de más es que lo único en lo que parece estar empeñado ahora el Ayuntamiento sea en recortar gastos cualquier precio, tarea obsesiva en el que parece empeñada una Ana Botella sin la menor sensibilidad ni capacidad política, para pagar la deuda que dejó al Consistorio la faraónica gestión de su antecesor en el cargo, el actual ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón.
Por el camino, Botella usa dinero presupuestado para los Dependientes para pagar intereses de mora, se carga los servicios públicos y provoca un reguero de despidos de los que no quiere responsabilizarse porque eso es un asunto que debe ventilarse entre las nuevas empresas privadas y sus trabajadores.
Muy mal asunto este, además, con una oposición en eterno fuera de juego a la que no se ve excesivamente implicada en estas luchas. Al final, hay quien cree que aquel poema de Blas de Otero -‘vendrán por ti, por mí, por todos…escrito está tu nombre temblando en un papel’- que tanto se recitó en los años del antifranquismo parece haber recobrado su vigencia en esta segunda década del Siglo XXI.
Gracias a la inestimable colaboración de unas administraciones públicas, gobernadas por políticos que se han propuesto desmantelar el Estado del Bienestar, empobrecer a la población y precarizar el empleo y que no tienen a nadie enfrente dispuesto a pararles los pies. Aunque quizá los barrenderos madrileños y su lucha puedan proporcionar un ejemplo a seguir a los próximos damnificados.







