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Unos presupuestos que se olvidan del consumo

Los presupuestos que acaba de presentar el Gobierno quizá puedan valer para muchas cosas. Pero, desde luego, no funcionarán para relanzar el consumo El pasado lunes el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro presentó los Presupuestos Generales del Estado (PGE) en el Congreso de los Diputados. Y lo hizo realizando un complejo ejercicio de funambulismo que algún amigo mío ha descrito como el baile de las décimas.

Una frase que ilustran bien las raquíticas previsiones de crecimiento del PIB que pasan de un 0,5% a un 0,7% o los aumentos del 0,2% que proyecta el Gobierno para el consumo y la inversión, pero también, poco más o menos, otros datos en los que el Ejecutivo basa su visión optimista del momento económico, como una tasa de paro que se situará el en 25,9% desde el 26,7% previsto inicialmente.

Y ese eufemismo superlativo, que deja en mantillas a los famosos brotes verdes del Gobierno de Zapatero, resulta casi un sarcasmo, ante las evidencias que rodean a estas cuentas del Estado que ministros y destacados militantes del partido en el poder pretenden presentar como las de la ‘recuperación’.

¿Habrá recuperación? No parece probable. Lo que sí es seguro, sin embargo, es que las rentas salariales van a seguir cayendo de forma abrupta, después de haberlo hecho unos diez puntos porcentuales en términos reales en los últimos tres años.

Y también que los pensionistas van a perder adquisitivo, que la creación de empleo neta va a ser una broma y de mal gusto, porque sí la hay será escasa y estará basada en la precariedad que permite una reforma laboral que aún podría endurecerse.
Sin contar, ante la desesperación de muchos alcaldes y presidentes de comunidades autónomas del propio PP, con la escasez del dinero previsto para las inversiones en infraestructuras que ahora pretende completarse con el apoyo de los empresarios privados de algunos sectores, en un esquema ya experimentado y que no ha salido demasiado bien. Al menos, desde el punto de vista de los contribuyentes.

Está muy claro que con un modelo económico como el actual, basado en la sociedad de consumo, al que se quiere desposeer de los consumidores, la posibilidad de superar la complicada situación actual con los planes de este Gobierno va para largo. Aunque, lo peor es que no hay nada en sus estrategias que pueda hacer perceptible que se intente construir un futuro mejor. O simplemente un futuro.

A menos que el futuro que Rajoy y su equipo de ministros tengan pensado para 2014, es intentar entretener a una sociedad al borde del colapso con ‘boutades’ como esas de las que hablábamos antes de si se ha crecido dos décimas más o dos décimas menos.

Cuando, lo cierto será que se continuará teniendo déficit, que sí hay empleo será precario y que el Gobierno habrá dejado, otra vez, para mejor ocasión la posibilidad de incentivar el consumo.

Y, además, a los incondicionales del ‘neoliberalismo’ más utópico, sólo les va a quedar el desconsuelo de ver, otro año más, como suben los impuestos, esos que, según dice Rajoy, van a bajar algún día.

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