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La absurda historia de un banco público al servicio de la banca privada

Carlos Humanes, editor de Elboletin.com

El crédito sigue llegando con cuentagotas a familias y empresas, sobre todo en España, que lideró la contracción de los préstamos en la zona del euro el pasado mes de julio. Ninguna de las medidas que ha adoptado el Banco Central Europeo (BCE) funcionan. La situación no presenta el más mínimo atisbo de mejorar. Se ponga como pesar de que se ponga como se ponga la canciller Angela Merkel, la autoridad monetaria europea es una institución pública que se nutre financieramente con todos los países de la región, en función de su población y Producto Interior Bruto (PIB). En otras palabras, es un banco público y Alemania no puede usarlo a su antojo.

También sorprende la actitud del resto de Gobiernos europeos. Tendríamos que preguntarles a qué viene esa mansa entrega al Ejecutivo alemán y su obsesión por convertirlo en un apéndice del Bundesbank. Alguien dirá que el banco central germano es el contribuye más al BCE (tiene un capital del 18,7%). Vale. Pero la suma de la contribución de Francia, Italia y España asciende al 34,7%. Quizás por esto colocaron a un italiano al frente de la institución, Mario Draghi, pero eso sí, exempleado de Goldman Sachs.

La cuestión es que este banco público, el BCE, destinan ingentes préstamos muy baratos a los bancos privados y que en todo el área euro, pero sobre todo en España, estas entidades no conceden créditos ni a empresas ni a particulares, y los pocos que dan son caros.

Ya está bien de que este banco público no atienda a las necesidades de los ciudadanos. Este organismo no funciona y hay que cambiarlo ya. Lo único positivo es que muchos son conscientes de esta situación y algunos líderes europeos están tratando de avanzar en una mayor integración financiera en el continente que daría más competencias al BCE, pero claro, para variar, también Alemania se está encargando de frenarlo.

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