Al Club de Amigos de Montoro hay que añadir al cocinero Sergi Arola al que le han inspeccionado las cuentas cuando más lleno tenía el restaurante. Los hombres de Montoro, vestidos de contables justicieros con manguitos negros, se lanzaron sobre la bodega con un embargo en la mano. Arola se ha mosqueado bastante y amenaza con llevarse parte de la esencia del mejor sabor culinario español, en realidad nada que no le ocurra a otro pequeño empresario pero en su caso la actividad es más destacada y tiene gran fama detrás. La impresión que da es que Montoro no va a poder ir al restaurante de Arola a celebrar su cumpleaños, pongamos por caso, como tampoco Gallardón va a poder asistir a la cena anual de Notarios y Registradores a los que pone en un brete igual que antes hizo con los jueces.
España siempre ha sido una charla en torno a un fogón, que se lo digan al juez Elpidio Silva que ayer tuvo charla consigo mismo pero delante de un auditorio curioso por saber si ya Blesa le ha enviado unas flores. Elpidio decía que la Justicia no es un restaurante en el que uno pueda elegir el menú, muy cierto, te toca el juez que corresponde salvo que seas un banquero o político de relumbrón porque en ese caso puedes invocar conspiraciones como las que solo ve Floriano, (ese curioso portavoz genovés), o pedir que te traigan a un juez que huela a haber desayunado entre pinos en La Moraleja y no a loción Floid mezclada con vagón de la Línea 1. La Justicia que admiten los ricos puede tener aspecto imparcial pero ropa interior de marca, dejemos las cosas claras.
Arola tiene una deuda con Hacienda y amenaza con hacer una de Depardieu, lo suyo es que pague y luego se cabree y haga pública la receta del Montoro al horno servido con patatas a la tributaria, pero antes que afloje porque en otro caso imaginemos que Messi también se negara a lanzar penaltis.
Eso sí, a Wert la movida de Montoro con Arola le ha venido de perlas porque le han dejado unos días en paz, tranquilo, rectificando a gusto y sin que le piten en un teatro cuando acompaña a la reina.
Nos tira mucho Master Chef y ver a un cocinero cabreado nos impresiona tanto como en época de nuestros abuelos escuchar a un sargento en el patio de un cuartel. No estamos para guisos mustios, estamos en otra cosa, quizá en aprender alemán tan bien como Pep Guardiola o Soraya Sáenz de Santamaría. ¡Quién sabe si la vicepresidenta sería feliz gobernando un lander!, casi tanto como Arola viendo hacer chup-chup a Montoro sumergido en una olla.







