Los mercados europeos, al rojo vivo. La prima de riesgo, subiendo como la espuma. Y a todo esto, en una ciudad situada en el suroeste alemán, el Tribunal Constitucional germano analizando si el Banco Central Europeo (BCE) mantiene programas que van contra la legislación alemana, como la compra de bonos de países como España e Italia. Este es el panorama que nos deja el martes.
El análisis del Constitucional alemán puede conllevar, a medio plazo, el fin del euro. Porque si considera que el BCE no puede actuar así y, de alguna forma, le obliga a echarse para atrás, la especulación volverá a cebarse con España y con Italia de inmediato. Mi jefe, por su parte, está encantado. Nótese el sarcasmo, por favor. Pero sí, está encantado con la solidaridad que Alemania vuelve a mostrar para con sus socios. Y recuerda que el canciller Kohl dijo, hace años, que Alemania tenía que europeizarse, y no Europa germanizarse.
De todos modos, y aunque la cuestión es harto interesante, mi jefe estaba hoy con la mente todavía puesta en un artículo publicado por el diario El País el domingo, en el cual se defendía a Ana Mato, a quien se la llegaba a calificar, sin el permiso de Javier Arenas por cierto, de «sexy».







