Varios ministros alemanes han aparecido durante las últimas semanas en la prensa española. Le hemos preguntado a mi jefe si todo podría responder a una estrategia mediática para tratar de combatir la imagen que se tiene de Alemania como un agente de la austeridad permanente que no parece ver ningún mérito en los esfuerzos que hasta ahora han realizado los países periféricos.
Mi jefe ha respondido que no necesariamente. Que no es que de repente a estos personajes les haya entrado un ataque de inteligencia. Sencillamente empiezan a entender que España no va, y como no va, el déficit va a más, y como el déficit va a más, la deuda va a más y los intereses van a más. Conclusión: las deudas cada vez están más lejos de ser saldadas y unos cuantos bancos alemanes se pueden ir a tomar por el saco en el proceso.
Por eso ha llegado aquí el señor Schäuble prometiendo pasta para pymes y Ursula Von der Leyen, la ministra de Empleo, diciendo que nuestros currelas pueden ir ahí a trabajar cuando quieran, porque Alemania está esperando recibirles. Todos son mensajes optimistas para que no decaiga el ánimo. Y Alemania, tal y como están las cosas, quizás necesite de ese ánimo para salir de la que está montando.







