El ex presidente del Gobierno español, José María Aznar, ha protagonizado una semana intensa, que le ha vuelto a convertir en generador de titulares y polémicas. Aunque, una vez más, las noticias son contradictorias y parece haber diferencias notables entre las intenciones que se enuncian y la realidad que las sustenta.
Decía el viejo líder del PP en su controvertida entrevista presidencial en Antena 3 que si resultaba necesario ‘cumpliría sus responsabilidades para con España’, lo que muchos, o casi todos, los comentaristas entendieron como la manifestación de una posibilidad, quizá no tan remota, de que se estuviera planteando volver a la política. Sobre todo, porque en la misma conversación se había mostrado crítico y decepcionado con las políticas que lleva a cabo el Gobierno de Mariano Rajoy, ese sucesor que él mismo eligió a dedo y con el que ahora no parece llevarse demasiado bien.
Pero la amenaza tendría quizá poca base, porque desde que dejó las responsabilidades políticas, el expresidente se ha dedicado más bien a otros asuntos, muy beneficiosos para él, que le han permitido explotar algunas de las buenas relaciones que hizo cuando ejerció de inquilino de La Moncloa.
Así que más bien, gana puntos esa explicación, salida incluso de los aledaños de la actual dirigencia del PP, que une la ‘rabieta’ de Aznar a la aparición de ciertos documentos comprometedores que relacionan, de algún modo, a miembros de su familia con la trama Gürtel o a el mismo con un presunto esquema de sobresueldos y pagos en especie, vigente en el PP durante muchos años.
Asuntos que no son ilegales, por lo que se conoce hasta el momento, pero que como mínimo proyectan algunas sombras sobre la austeridad de comportamientos, usos y costumbres de la que Aznar siempre ha hecho gala. Además, en los últimos tiempos, da la impresión de que la suerte es esquiva con el ex presidente del Gobierno y su imagen pública.
Tanto que acaba de saberse, sin ir más lejos, que ha sido contratado como asesor para Latinoamérica, por el mismo gran bufete internacional de abogados al que realizó un encargo, valorado en más de un millón de euros, cuando ostentaba el máximo poder en España.
Un trabajito que, por cierto, según cuentan las informaciones de la época, iba a resultar muy provechoso, sobre todo, para el curriculum de don Jose María, que aspiraba a conseguir una medalla del Congreso de EEUU. Finalmente, no la tuvo, pero aquellos buenos amigos que hizo en el pasado parece que le van a resultar más que rentables en el presente.
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