Después de tantas y tantas noticias sobre políticos, cobros en B y latrocinio variado, no sabría decir si me sorprende que el ex presidente navarro, Miguel Sanz, haya sido imputado por las dietas cobradas de Caja Navarra. Lo que sí puedo decir es que a mi jefe no parece pillarle por sorpresa.
Más allá de los matices que puedan diferenciar este caso de otros de los ‘incestuosos’ habidos entre banca y política en España, dice el señor que me paga el sueldo que el de Caja Navarra es un ejemplo gráfico, casi un paradigma, de lo que ha venido sucediendo con las cajas en este país y que ha llevado al hundimiento de cerca del 30% del sistema bancario.
Un desaguisado que costará entre 50.000 y 100.000 millones de euros y que, por supuesto, le tocará pagar al de siempre: al ciudadano de a pie.
Ante esto, la Justicia ha de buscar un responsable. Porque después de tantos varapalos como se está llevando la ciudadanía, lo que necesita la opinión pública es saber que la justicia que en teoría les ampara funciona.
Dice mi jefe que la judicatura haría bien en dejar de mirarse el ombligo ensimismada con sus problemas internos; puesto que cobran de los impuestos que paga el pueblo, deberían recordar que su obligación es precisamente para con él.







