La Iglesia figura en muchos registros de la propiedad españoles como una de las primeras propietarias de inmuebles. Sin embargo, hasta ahora el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), la contribución que todo vecino paga a su ayuntamiento, no le concernía. Pero algo ha empezado a cambiar en este aspecto. En Navarra, por ejemplo.
A mi jefe le parece «absolutamente normal» que la Iglesia se vea obligada a pagar el IBI. Y dice que nadie debería ver esto como una persecución de nada sino más bien como una normalización de una situación que hasta el momento resultaba bastante anómala. Además, el tipo opina que esto le va a venir bien a la Iglesia para mitigar el rechazo que genera en buena parte de la población.
El Ayuntamiento de Pamplona aprobó el pasado 7 de marzo, con los votos en contra de Unión del Pueblo Navarro (UPN) y Partido Popular, «hacer efectiva la eliminación de la exención en el Impuesto de la Contribución Territorial Urbana a los bienes de la Iglesia Católica y del resto de confesiones religiosas que no estén destinados al culto pasado».







