Yo soy Amy

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Todo es un juego de espejos, nada es lo que parece menos un idiota que siempre es mucho peor de lo que parece. Ha aflorado la verdadera Amy Martin que es la ex del ex director de la Fundación Ideas que a su vez pagó con tres mil euros cada artículo de alguien que no conocía. Un juego entre ex que acaba en juego de palabras: mucha hez en un país del que se fuga el dinero rumbo a paraísos “fecales”.

Amy era tan falsa como un euro de chocolate pero cobró un pastón de una revista que se financia con fondos públicos. Aquí no solo falta decencia es que sobra desparpajo para acometer latrocinios sin fronteras.

Otro que se apunta al coro de sobre-cogedores es el ex consejero de Madrid, López-Viejo, amante también de la patria suiza y conocedor de la geografía de los paraísos fiscales. Igual que Urdangarin al que en “El Mundo” destacan un correo que firma como “el duque em… Palma…do”, (es un tío original, chistoso, afable, tan gañán como aparenta o más). Ya estoy viendo a Gallardón redactar su indulto en caso de que la mentira de Nóos se caiga encima de una cabeza coronada. A todo esto en Málaga se celebra un juicio contra dos aficionados, dos robaperas: Cachuli y Pantoja. La Operación Malaya que tanto nos escandalizó queda ahora como un divertimento entre ruines de poca monta. Aquí el que roba de verdad no se lo gasta en “pantojas”, se lo lleva a Suiza y dice que va de parte de Bárcenas.

Amy Martín habría escrito de todo esto en caso de no haber sido descubierta pero la han trincado con la mentira. Quizá lo que más le duela a la ex de Mulas no es tanto descubrir la identidad de su personaje si no dejar de trincar tres mil euros por artículo, una barbaridad editorial.

El paro es verdad que aumenta pero eso lo tenemos delegado en Fátima Báñez que enseguida monta una novena a la Vírgen del Rocío y aquí tan contentos. Amy ya es historia, otro borrón más de una época negra que no termina de irse nunca y que pagamos entre todos.