¡Faltaría más!

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Es una pena que se hayan dejado de escribir zarzuelas porque este lío del ex contable del PP da para un libreto de Chueca y algunas risas también. Ha tardado cuatro días en emerger de las cloacas pero su frase no ha podido ser más escueta y definitoria: “¡faltaría más!”. Traducido al lenguaje de los pícaros de zarzuela es: “me la pela”, más o menos. Se la trae al fresco que se decía en los salones cursis del Ritz antes de que se llenaran de impávidos japoneses que sufren un atasco visual entre El Prado, Toledo y la sangría con tuna que bebieron anoche.

La respuesta a la pregunta de si sus cuentas son legales es ésa. El caso Bárcenas nos deja una serie de frases hechas como la del ínclito contable y la de Cospedal: “no me consta”. Una buena causa sin un buen eslogan no es nada. Veremos cómo termina el asunto de las cuentas, probablemente en nada, pero algún avispado debería hacer camisetas para el verano con las dos frases tan famosas. “¡Faltaría más!” se le dice al botones de un hotel de lujo cuando agradece la propina, es una expresión de señorito de casino que está seguro de que cambie lo que cambie en el país lo único que no se van a tocar son sus privilegios bien ganados a fuerza de engañar a los demás.

Pues es una pena que no se haga zarzuela porque Manuel Bandera haría muy bien el papel de Bárcenas y la Cantudo bordaría a Cospedal a la que cada vez le cuesta más articular una frase completa porque se atasca en su laberinto. Quién haga de Rajoy es lo de menos porque aparece poco en escena, otra cosa sería buscar a una Esperanza Aguirre que se marcara unos soliloquios con orquesta ante la puerta de Génova 13.

Y si a unos no les consta a otros no se les va la gomina por mucho que sople el viento que cruza la península con la virulencia de una ciclogénesis explosiva. Eso ocurre aquí que somos un poco más que África del norte pero en Suiza que es dónde se vive bien, allí nunca hace frío en los sótanos de los bancos.

La duda que nos queda es por qué echaron a Bárcenas si ha demostrado que era el único en el PP que sabía de finanzas, partió de unos ahorros pequeños hasta amasar veintidós millones de euros. Eso no lo consigue De Guindos en una noche. La orquesta ataca el final, suena chimpún, aplausos, telón y todos tan contentos.