Es tocarle el asunto del ‘banco malo’ a mi jefe y comenzar el chaparrón. Aunque al finalizar el desahogo siempre aflora el sarcasmo que nos ayuda a salir del paso muchas veces: «El ‘banco malo’ tiene multitud de aspirantes a ocupar su butaca principal, empezando por todos esos magníficos gestores que han quebrado las cajas».
Porque lo cierto es que parece una comedia española de las malas. Que todavía no se sepa cuánto dinero se va a pagar por los activos ya tóxicos de las entidades y que tampoco se sepa la participación concreta de uno y otro lado, a estas alturas de la película, es un despropósito importante.
El que me paga lo dice bastante claro: que pasen los responsables del Ministerio de Economía por el Congreso a explicar todo el proyecto, para encender luces y aclarar sombras. Para ello no vendría mal que la oposición lo pidiese. Por eso de variar y tal.
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Los cajeros del banco
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