La alcaldesa de Madrid Ana Botella es justamente lo que en términos políticos se conoce como una ‘paracaidista’ en toda regla. Ella entró en la política por la puerta grande gracias a que el astuto Gallardón quiso conseguir que Aznar tuviera que ser neutral en sus históricas batallas con Esperanza Aguirre. Luego de rebote llegó a alcaldesa y ahora no sabe a qué carta quedarse.
‘Aznarista’ como es no tardó mucho en pedir un Congreso del PP de Madrid para elegir a un nuevo líder que sustituyera a su amiga Esperanza. O Esperanzita como aún la llaman los veteranos del partido como su siempre fiel Pedro Schwartz. Pero ante la deriva que parecen haber tomado los acontecimientos, Botella no ha tardado en aclarar que no ‘aspira a ser ella la presidenta’.
Quizá no. Pero a lo mejor termina allí sentada sin quererlo. Sobre todo porque una bicefalía Botella-Ignacio González es una solución de compromiso que podría enterrar temporalmente las hostilidades que acaban de aflorar.
Pero, según cuentan, conviene no perder de vista a dos personas que mantienen, de momento, un perfil más bajo de lo habitual. Dos defenestrados por Esperanza, que fueron enemigos, pero que ahora quizá jueguen el partido para la causa ‘marianista’: Alfredo Prada y Francisco Granados.







