El Rey, Juan Carlos I, se ha pronunciado sobre los ánimos secesionistas de Cataluña. Y ha venido a decir, poco más o menos, que no está el horno para bollos y que se dejen de tonterías, que ahora toca salir de ésta y eso sólo se consigue remando todos juntos. A modo de respuesta, desde la ribera septentrional del Ebro le han sacado el dedo.
Mi jefe, que tampoco es que sea un gran fan de la Casa Real, nos ha comentado que a él le parece bastante lógico que el monarca haya salido a la palestra para decir lo que ha dicho. Es más, nos ha explicado que tiene la obligación de hacerlo, dada la importancia de su figura y lo que se supone que representa. Y que lo censurable y reprochable hubiese sido su silencio.
No obstante, el que me paga también se ha mostrado comprensivo con la reacción de buena parte de los catalanes, que le parece igualmente lógica. Al fin y al cabo, nos ha argumentado, los independentistas tienen todo el derecho del mundo para repudiar a un tipo que se apellida Borbón.







