Ryanair

Opinión

Ryanair

Viajé una vez en Ryanair y, aunque en esa ocasión no detecté situaciones de peligro como las que estamos conociendo últimamente, me prometí a mi mismo que no volvería a hacerlo, al menos mientras las condiciones e imposiciones que hay que afrontar tanto a la hora de embarcar como luego a bordo no cambiasen. Ahora estamos viendo, a través de los riesgos revelados en muchos vuelos, lo que la despótica compañía irlandesa hace para abaratar más que nadie el precio de sus billetes aunque sea a costa de maltratar a los pasajeros. Un precio aparentemente inmejorable pero luego en la práctica bastante ficticio además si se incorporan enseguida todas las limitaciones al equipaje, las penurias del espacio entre los asientos, y todos los incordios que supone el machaque a bordo de los auxiliares de cabina para hacer caja, empezando por la venta de periódicos, siguiendo por las tarifas abusivas de los bocadillos y refrescos, agua incluida, y acabando por rifas ridículas que impiden que uno pueda superar tantas molestias descabezando un sueño que la voz del comandante y su tripulación impide.También escuché al presidente de la compañía, un personaje de una prepotencia verbal intolerable, que poco menos venía a decir que para él no hay más ley ni más autoridad que la de su país y que es España la que acepta de buen agrado sus imposiciones bajo su responsabilidad. Sus palabras y más que su palabra su tono me ratificaron en lo que es Ryanair, cuyo éxito en España consiste en aprovechar la debilidad de los españoles por viajar, viajar y viajar aunque sea a Navalcarnero, sin mirar las condiciones, las incomodidades y… la seguridad. A esto habría que añadir algo más, y es la ingenuidad aldeana de algunos gobiernos autonómicos que creyendo que el éxito de su política turística es atraer visitantes aunque sean visitantes sin un euro en la cartera, la están subvencionando.Es sorprendente que, al menos cuando escribo, las autoridades españolas no hayan tomado ya alguna iniciativa que responda al clamor popular que reclama una mejor vigilancia y un mayor respeto a las normas que rigen el tráfico aéreo. En los últimos quince días los incidentes protagonizados por aviones de esta compañía se han multiplicado y demuestran que, efectivamente, lo barato además de incómodo y perjudicial para la salud, al final sale caro. Y lo más preocupante de todo, es que además es peligroso. Hay muchas y variadas ofertas de vuelos de bajo coste que prestan un servicio digno y con garantías.

Viajé una vez en Ryanair y, aunque en esa ocasión no detecté situaciones de peligro como las que estamos conociendo últimamente, me prometí a mi mismo que no volvería a hacerlo, al menos mientras las condiciones e imposiciones que hay que afrontar tanto a la hora de embarcar como luego a bordo no cambiasen. Ahora estamos viendo, a través de los riesgos revelados en muchos vuelos, lo que la despótica compañía irlandesa hace para abaratar más que nadie el precio de sus billetes aunque sea a costa de maltratar a los pasajeros.

Un precio aparentemente inmejorable pero luego en la práctica bastante ficticio además si se incorporan enseguida todas las limitaciones al equipaje, las penurias del espacio entre los asientos, y todos los incordios que supone el machaque a bordo de los auxiliares de cabina para hacer caja, empezando por la venta de periódicos, siguiendo por las tarifas abusivas de los bocadillos y refrescos, agua incluida, y acabando por rifas ridículas que impiden que uno pueda superar tantas molestias descabezando un sueño que la voz del comandante y su tripulación impide.

También escuché al presidente de la compañía, un personaje de una prepotencia verbal intolerable, que poco menos venía a decir que para él no hay más ley ni más autoridad que la de su país y que es España la que acepta de buen agrado sus imposiciones bajo su responsabilidad. Sus palabras y más que su palabra su tono me ratificaron en lo que es Ryanair, cuyo éxito en España consiste en aprovechar la debilidad de los españoles por viajar, viajar y viajar aunque sea a Navalcarnero, sin mirar las condiciones, las incomodidades y… la seguridad. A esto habría que añadir algo más, y es la ingenuidad aldeana de algunos gobiernos autonómicos que creyendo que el éxito de su política turística es atraer visitantes aunque sean visitantes sin un euro en la cartera, la están subvencionando.

Es sorprendente que, al menos cuando escribo, las autoridades españolas no hayan tomado ya alguna iniciativa que responda al clamor popular que reclama una mejor vigilancia y un mayor respeto a las normas que rigen el tráfico aéreo. En los últimos quince días los incidentes protagonizados por aviones de esta compañía se han multiplicado y demuestran que, efectivamente, lo barato además de incómodo y perjudicial para la salud, al final sale caro. Y lo más preocupante de todo, es que además es peligroso. Hay muchas y variadas ofertas de vuelos de bajo coste que prestan un servicio digno y con garantías.

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