El tipo más rico de Francia se llama Bernard Arnault. Y además es el presidente del grupo de empresas del lujo LVMH. Este fin de semana se ha hecho famoso en España por haber solicitado la nacionalidad belga al mismo tiempo que François Hollande anunciaba en París un impuesto a las rentas superiores al millón de euros del 75%. Y algunos han advertido que cuidado con enfadar a esta gente.
Mi jefe, preguntado por esta cuestión, ha dicho que esta situación pone de manifiesto la asimetría entre el Estado-nación como territorio fiscal y la libre circulación de capitales y personas. En palabras más sencillas: que hay que buscar una solución urgente al hecho de que cada cual tribute donde le dé la real gana.
Por otro lado, el que me paga se ha mostrado realmente sorprendido al saber que la reacción de algunos portavoces sociales (sobre todo los políticos conservadores) ha consistido en enmarcar a Arnault con el título de «Ciudadano Ejemplar» cuando lo que tendría que hacer la ciudadanía es evitar que semejante caradura no vuelva a pisar las calles de París. Por insolidario.







