La Generalitat de Cataluña, en su primera reunión tras las vacaciones de verano, ha acordado pedir al Gobierno de Rajoy un rescate de 5.023 millones de euros. Eso sí: no quieren ninguna condición, ni de carácter político ni de carácter económico. La pasta se la merecen porque ellos lo valen y poco más.
Mi jefe opina que no hay nada nuevo bajo el sol. Y que, aunque sea demasiado fácil decirlo, que le pregunte Mas a Puyol por qué Cataluña no tiene un modelo fiscal como el del País Vasco, que se lo va a explicar muy bien.
En cualquier caso, el que me paga ve absolutamente normal la actitud de la Generalitat. Tiene que ser fiel a su parroquia, la parroquia catalana, que alberga un gran componente nacionalista y, por consiguiente, un gran componente victimista. Pero mi jefe dice que no hay que obviar que su gestión ha sido un auténtico desastre en los últimos años, dado que cuentan con una estructura insostenible. Y por eso tienen que pedir ayuda.
Lo importante ahora no es fijarse en lo que diga el tertuliano de turno, que muchas veces tiene una idea de las cosas discutible, sino fijarse en lo que haga el Gobierno. Aunque el que me paga reconoce que pone los pelos un poco de punta quedar en manos de Mariano Rajoy y sus dos espadachines económicos: Luis de Guindos y Cristóbal Montoro.
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La parroquia catalana
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