Resulta que hoy se vota en el Parlamento catalán un pacto fiscal que pretende excluir de la recaudación de impuestos a ese mismo Estado al que solicitó ayer Cataluña el rescate. A mí esto me sonaba a paradoja, pero ya me ha explicado mi jefe que de eso nada: “No es tal, porque se está hablando siempre de lo mismo”.
Y es que se pretende así que la falta de autonomía fiscal de Cataluña es lo que le ha conducido a la situación actual de tener que pedir el rescate, algo que no habría pasado si pudieran manejarse solos.
Dice el señor que me paga el sueldo que lo realmente paradójico aquí no está en el mensaje actual, que es coherente, sino en el mismo origen del proceso autonómico, allá por los 70 y 80.
¿Por qué no quiso asumir entonces Jordi Pujol una mayor responsabilidad fiscal? Dice mi superior que no era conveniente, en medio de un proceso identitario incipiente, que “se identificase al gobierno autónomo con los recaudadores de Hacienda”. Y a mí a lo que me suena es a lo que siempre decía mi abuelo: “Castígalos tú, que a mí me cogen manía”.







