Cayeron las cajas italianas primero, hace unas décadas, y ahora han caído las españolas, menos Asterix Pollensa y Obeliz Ontynente, claro. Pero, como recuerdan algunos viejos inversores muy cercanos al sector quizá resentidos, aún quedan cajas en Europa.
¿Cuáles? Las alemanas, por supuesto. A nadie se le ha ocurrido, por lo menos todavía, hablar de reestructuración, adelgazamiento o saneamiento de un sector que, siempre según las peores lenguas de la Bolsa española y los analistas mal informados, acumula activos tóxicos en los balances de los bancos regionales mayoristas o Landesbank en los que se integran.
Es cierto que West LB fue troceado. Pero ni era el único, ni será el último, dicen. Ahora, la apuesta es cuánto tardará Alemania en darse cuenta que no puede hundir el euro para salvar su sector financiero corroído. ¿Nunca? ¿Justo en el momento que la Fed y el Banco de Inglaterra decidan eliminar el riesgo en euros de los bancos que supervisan? Las apuestas son libres.







