Hemos visto la rueda de prensa que han dado en Roma los líderes más influyentes -en teoría, y esto es importante apuntarlo- de la zona del euro: Angela Merkel, François Hollande, Mario Monti e, invitado por éste, Mariano Rajoy. Y aquí en la redacción nos ha enervado constatar la diferencia entre Monti, un tecnócrata que se muestra tajante, rápido y hábil al tratar con sus homónimos, y Rajoy, que parece que acude a estos sitios a recibir collejas.
Expuesta la situación ante mi jefe, por teléfono ya que este viernes no se encontraba en Madrid, el mismo me ha contestado que su tesis de que Rajoy es un señorito de casino de provincias se corresponde con el cuadro que le hemos dibujado en alusión a la rueda de prensa romana.
El que me paga sostiene que Monti es comandante de las élites italianas pasadas por el filtro de Goldman Sachs, que serán muy piratas y tendrán muy mala fama pero saben de qué va el tema. Probablemente por eso, desde su aterrizaje en Bruselas mantiene una autoritas y una trayectoria conocida y reconocida que suple la carencia democrática de su posición.
En conclusión: que es una lástima constatar esta doble figura planteada entre Rajoy y Monti, donde alguien que ha alcanzado el poder sin votos realice un ejercicio público de ese mismo poder para lograr alcanzar un sendero en el que impere el pragmatismo contrasta con alguien que ha llegado con votos pero que no puede hacer más que mirar y asentir. Y mientras, Merkel sigue defendiendo la imbecilidad inabarcable e insiste en que tienen que ser los estados quienes avalen las malas estrategias de los bancos alemanes.







