El sector financiero ha amanecido hoy con unas duras declaraciones del director general de Ibercaja, Amado Franco, en las que ha reprochado al Banco de España su “afán” de no separar las entidades malas de las saneadas, y ha asegurado que “no se tenía que haber permitido la fusión de Bankia” ante el riesgo de “agusanar” la banca española.
Ibercaja, que acaba de anunciar un acuerdo con Liberbank y Caja3, es una de las entidades más solventes del sector, lo que permite a Franco sacar pecho y diferenciarse respecto a entidades como Bankia. Sin embargo, en algunos círculos también se interpretan estas declaraciones como un pequeño ‘ajuste de cuentas’ a todos aquellos que impidieron que hace dos años alcanzase la presidencia de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) en sustitución de Juan Ramón Quintás.
Según recuerdan algunos observadores, Franco fue el primer candidato para presidir la patronal tras la jubilación de Quintás, en un movimiento que hubiera supuesto una política continuista dentro de la tradicional labor de las cajas de ahorros. Sin embargo, las presiones del Ministerio de Economía, entonces dirigido por Elena Salgado, y del Banco de España de Fernández Ordóñez obligaron a un cambio de rumbo en la CECA.
Isidro Fainé, presidente de La Caixa, fue finalmente el elegido para presidir la CECA, mientras que Franco se tuvo que conformar con ser vicepresidente primero de la patronal. Rodrigo Rato, que acababa de desembarcar en Caja Madrid (desde donde apoyó el nombramiento de Fainé), también fue nombrado vicepresidente.
Amado Franco había defendido en su candidatura a la CECA la preservación del “ADN” del modelo de las cajas: “personalidad jurídica propia, compromiso con el desarrollo económico y social de los territorios donde actúan, y Obra Social”.







