La nueva revisión de la cifra del déficit público español de 2011, que parece quedará fijado en el 8,9% si no hay más sorpresas, es una nueva gota que cae en el casi colmado vaso de la paciencia de Bruselas y el resto de los socios europeos.
Por allí no gusto ya la primera, esa en la que se forzó la cifra hasta límites insospechados, incluyendo en la contabilidad lo que tenía que ir y lo que no, para poder justificar los recortes en base a la herencia recibida. La maniobra sentó mal a una Europa que solo tolera estas estrategias políticas a los dirigentes alemanes. Pero no a los españoles, como las informaciones publicadas en aquellos días por la agencia Reuters, por ejemplo, dejaron meridianamente claro.
Y aún resultó menos tolerable que viniera acompañado del retraso de la presentación del presupuesto hasta abril para preservar las posibilidades de victoria de Javier Arenas en las elecciones andaluces.
Ahora, para acabar de arreglarlo la desviación se corresponde con actualizaciones contables efectuadas en la Comunidad de Madrid y la de Valencia, dos viejos buques insignia del PSOE. ¿Bastará después de esto para calmar a la opinión pública con volver a reivindicar Gibraltar? A Cristina F. de Kirchner no le funcionó del todo con las Malvinas. ¿Tendrá alguna otra cortina de humo el PP guardada bajo el sombrero para distraer la atención sobre lo evidente?… Seguiremos informando.
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Rajoy agota la paciencia de Bruselas
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