La reforma de las cajas de ahorros españolas y su reconversión en bancos se ha intentado realizar a imagen y semejanza de la que llevaron a cabo las cajas italianas, pero ha llegado demasiado tarde, según se lamentan ahora algunas voces del sector, que comienzan a dar por sentenciada a la obra social.
En el caso italiano, explican, las cajas se convirtieron en fundaciones y traspasaron sus negocios financieros a bancos de nueva creación, que posteriormente sacaron a Bolsa. De este modo, no sólo pasaron a convertirse en accionistas de las nuevas entidades, sino que lograron cuantiosos ingresos que les permitieron asegurar su obra social durante décadas.
Sin embargo, en el caso español, las salidas a Bolsa, por ahora sólo dos, se han producido en plena crisis, y las entidades apenas han logrado captar dinero, al tener que ofrecer fuertes descuentos. En este panorama, la obra social está en peligro, limitada a unos supuestos dividendos que en casos como el de Bankia aún no se han visto por ningún lado.
De haberse realizado el proceso en tiempos más benignos, el sector financiero español se habría enfrentado a la mitad de problemas que los actuales, incluso teniendo en cuenta los excesos inmobiliarios de los últimos años.
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