Mingote era un español picassiano que en lugar de pintar murales le dio por hacer obras de arte en un periódico, y también un caballero que es algo bastante exótico casi tanto como tener talento y ser brillante a diario.
Si uno repasa los chistes de Mingote entenderá la intrahistoria de España en el último siglo; a la dictadura le coló críticas sociales que no le habría permitido a otro porque lo hizo con gran estilo. En cierta ocasión inventó un personaje que se hizo muy popular, “Gundisalvo” y logró con aquel eslogan de “vota a Gundisalvo” que su nombre apareciera en muchas papeletas y fuera elegido aunque fuera de coña representante por el llamado tercio familiar. En aquella época en la que no se hacían campañas electorales el nombre de Gundisalvo se hizo muy famoso a través de las páginas de ABC.
Mingote pintaba figuras amables pero con mensajes profundos no exentos de la crítica ácida que ha de tener el humor, en otro caso se queda en gracieta. Hubo en sus cuadernos señoras orondas y hombre de negro porque era el reflejo de lo que había en la calle, (señores de negro siempre con corbata). Nunca ocultó ni su ingenio ni su militancia en una burguesía de la que también sacaba lascas para hacer humor.
Deja el trono del chiste de papel a Forges que es su legítimo heredero, y un legado enorme que da para varias tesis doctorales. Umbral y él fueron los últimos de un ciclo periodístico, acabada esa dinastía se abre otro mundo que está por descubrir. Umbral y Mingote fueron los dos que mejor entendieron Madrid sin haber nacido en la capital. A Picasso le ocurrió algo parecido con París.







