Mi jefe ha aplaudido que el marido de Maria Dolores de Cospedal haya renunciado al puesto de consejero en Red Eléctrica Española después de recibir muchísima presión desde los medios de comunicación alternativos, como Twitter. (Por cierto, que este modesto periódico fue el primero en dar la campanada).
En cualquier caso, el que me paga dice que Cospedal podía haber tenido un poco más de vergüenza torera a la hora de consentir que su marido accediese a un puesto -el de consejero de algo- conocido en toda la geografía española por ofrecer a su ocupante poco trabajo y mucha pasta.
Porque lo que riza el rizo es que luego, cuando los socialistas hacen algo parecido a menos escala, se monta un follón del copón. Por ese lado, además de vergüenza torera a Cospedal le ha faltado, en este caso, un poco de coherencia moral. Que no todo va a ser coherencia política.







