Mi jefe no se fía un pelo de las calificaciones de las agencias de rating. Considera que estas sociedades anónimas con ánimo de lucro son elementos inciertos que han cobrado protagonismo pero que no deberían porqué tenerlo.
Las agencias de rating, según su opinión, han demostrado no poseer la suficiente fuerza en sus método y en sus medios, por eso se ha empezado a percibir la falta de credibilidad a escala internacional. De ahí que los mercados no se hagan eco de las opiniones de estas empresas. Por eso y porque no les interesa su visión.
Aunque esto no significa que algunas empresas no se hayan subido al carro y se hayan aprovechado de las opiniones de las agencias de ratings. En los primeros años de la pasada década, algunas compañías estadounidenses, supuestamente, se hacían eco de las buenas noticias de las agencias.
Según la opinión de mi jefe, las agencias de calificación no sólo son incapaces de llevar a cabo análisis profesionales, sino que también mezclan en su trabajo los intereses económicos.







