Mientras el nuevo Gobierno del PP, lenta pero inexorablemente, parece dar pasos de gigante en la laminación de los derechos laborales, siempre a la mayor gloria de Angela Merkel, las organizaciones que, supuestamente, deben defender a los trabajadores viven sus horas más bajas.
Los sindicatos, por ejemplo, parecen más obsesionados con su supervivencia como instituciones que en el desempeño del papel que se les supone. Buena parte de su cuerpo funcionarial parece tener miedo a luchar en campo abierto contra el Gobierno y que, una vez más, deje patente su constante pérdida de fuerza.
Y, en cuanto al PSOE, el partido aparece lastrado por la brutal pérdida de crédito que acumuló en el último año de la época de Zapatero. Una etapa negra que sólo sirvió para facilitar la llegada de Mariano Rajoy al poder con una incontestable mayoría absoluta. Y, por si con éso no bastara, ahora, en el momento en que más haría falta su papel como oposición se empeñan en estériles luchas por el poder, como la que tiene lugar en Andalucía a un mes de las elecciones.
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Los sindicatos y el PSOE, sin fuerza para hacer oposición
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