Portugal necesita ayuda. Su gobierno, conservador, ha hecho todo lo que le exigieron (y más) sólo para que su acceso al crédito continue en un proceso de imparable deterioro. Y sin embargo, desde la UE de Merkel no llega señal alguna de que los esforzados lusos vayan a recibir la ayuda que necesitan. Tampoco que su sufrimiento vaya a ser recompensado.
Con Grecia, de hecho, prácticamente fuera del euro, según anticipa el gurú George Soros, una posible caída de Portugal sería el golpe definitivo a la moneda única. Tras él saldrían todos los periféricos. Y habría más consecuencias.
Una de ellas, tal vez fuera, el estallido de las tensiones reprimidas. Si los ajustes y recortes que se imponen no reciben por ahora casi contestación es porque los votantes de los países castigados han asumido que el sacrifio tendrá un premio.
Y si finalmente no lo tiene empezará a haber problemas. Quizá serios. Mario Monti lo ha advertido hace tiempo.Hacen falta medidas de estímulo. Y su voz, la de un conservador, un tecnócrata impuesto casi por Alemania, encuentra eco en ambientes insospechados.
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Portugal, cada vez más cerca de Grecia
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