Mariano Rajoy, alias el presidente fantasma para algunos cachondos que no han dejado pasar la oportunidad de ponerle semejante mote a raíz de no haber aparecido en público hasta varias semanas después de ser elegido, está cambiando de hábitos. Ahora no hay día en el que no salga ante las cámaras a exponer sus ideas.
Le hemos preguntado a mi jefe que qué le parece esta conversión, y mi jefe nos ha mandado a freír puñetas. Tal cual. Que cómo nos podemos creer que se ha convertido a la religión de los oradores cuando lleva varias semanas sin hablar, y cuando lo ha hecho ha sido porque lo marcaba una agenda predeterminada. Que no se está yendo de pueblo en pueblo soltando chascarrillos a los paisanos ni nada de eso.
Así que el que me paga considera que Rajoy no ha cambiado en absoluto. Que le toca hablar porque le toca hablar, pero no porque le apetezca o porque sienta el impulso natural de hacerlo. De momento, eso sí, ha aprovechado la ocasión para practicar inglés con Angela Merkel. “How are you Angela”. La otra ha dicho que bien. “Very well, very well”.







