Ese juicio de Valencia que iba para veinte días amenaza con ser espectáculo de circo estable. Aquello que Camps cuándo era “Camps”, (y no pensaba ni en el banquillo, ni en que Moody´s rebajara la nota a Valencia), dijo que sería poca cosa, “tres escaloncitos y todo eso se habrá acabado ya”. Pues muy al contrario, el juicio contra él y contra Costa se prolonga.
Será lo que el jurado popular estime pero de lo que no se libran ni Camps, ni Costa, es de un bochorno social por aceptar regalos de una trama oscura. Escuchar a Costa cómo pedía cien gramos de caviar para la Nochevieja usando la excusa de que eran para sus padres fue patético. Y todo pronunciado con un deje del más rancio “pijismo” occidental. Si eso le pedía a “El Bigotes”, (al que aseguraba que no le unía apenas trato), ¿qué podría haber solicitado en caso de una mayor amistad?
Todo muy chungo y muy de otro siglo, un espectáculo que podría haber sido cómico pero que ya es más trágico que otra cosa y que deja a Camps tocado para regresar a la política. Desde luego parece que Rajoy no va a derramar una lágrima por él; ya en su día hizo lo que pudo por salvar a su amigo Paco pero de este juicio se va a tener que salvar por su propia cuenta y con sus propias facturas.
Forever young y “forever el juicio”, el interminable paseíllo de testigos y despropósitos que se produjeron en un ambiente de impunidad que presidió otros tiempos, otras formas, otros trajes. Mucho sastre, eso: mucho de-sastre en la antigua corte valenciana.







