Quien tiene una nómina tiene un tesoro. O lo tenía. La primera decisión del nuevo Gobierno, presidido por Mariano Rajoy, ha sido clásica, arañar ciento y pico euros más al año de las nóminas de los pocos ciudadanos que tienen trabajo.
Es de suponer que éstos no deben quejarse. Les pasa lo mismo que a los funcionarios. Tienen trabajo. O sea que tal y como están las cosas más les vale no quejarse. Evidentemente, habrá que echarle la culpa al Gobierno anterior.
Pero no va a ser fácil. Sobre todo porque la máxima desviación al alza del déficit público, los 16.000 millones que justifican estas medidas extraordinarias, se ha producido en las comunidades autónomas. Y, en muchas de ellas, en casi todas, el PP manda desde mayo. Y mandaba ya hace cuatro años. También en algunas ciudades como Madrid, por ejemplo.
Y a la hora de cuadrar las cuentas, toca atracar a los ciudadanos con nómina. No a los que mantienen su dinero en las sicavs. Para ingresar rápido hay que ir a lo seguro. Primero. Porque luego, si llega el caso, habrá quizá que subir también los impuestos indirectos. Y eso ya le toca a todos por igual.
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Rajoy también quiere clientes con ‘nómina’
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