Los políticos europeos ocultan a los ciudadanos el verdadero motivo desde hace algunos años los verdaderos motivos escondidos tras sus estrategias de ajustes y recortes que, además, no tiene ningún éxito, de momento. Ni para calmar a los mercados, ni para crear empleo, ni para que regrese el crecimiento económico. Pero ni siquiera parecen ser conscientes de que tendrían que responder ante la falta de éxito de las estrategias que han aplicado.
Por eso, en medio de esta inacabable crisis económica que asola la Unión Europea y amenaza la supervivencia del euro, hay algunas preguntas sin respuesta, cuya contestación, sin embargo, es más importante de lo que pudiera parecer. Por ejemplo resulta fundamental saber hasta cuándo se le va a continuar ocultando al ciudadano europeo que para lo único que se usa la financiación pública es para aliviar tensiones, cuando no quebrantos, del sistema bancario de la Zona del Euro. Una estructura que, por cierto, se compone mayoritariamente de compañías privadas.
El ejemplo más claro y más reciente de este esquema ha podido verse esta misma semana cuando una entidad pública, el Banco Central Europeo (BCE), ha ofrecido en una subasta restringida para los bancos del área euro financiación a tres años con un 1% de tipo de interés.
No hay que insistir demasiado en que este dinero se entrega a un precio privilegiado. Con la única excepción de Alemania, los propios bonos soberanos a un año se mueven en rentabilidades del 3% al 8%, y los créditos al consumo del mismo plazo pueden llegar o superar el 10% de promedio.
Además, según las propias declaraciones efectuadas en estos días por algunos de los responsables de estas 523 entidades que recibieron el pasado miércoles 21 de diciembre la friolera de 489.200 millones de euros, se sabe que el destino prioritario de este dinero es garantizar el pago de los intereses de los próximos vencimientos de sus bonos u obligaciones.
Tal cual. Se ‘regala’ dinero público para el cumplimiento de compromisos privados. No para que la liquidez engrase los mecanismos del consumo y la creación de empleo que podrían contribuir de algún modo a volver a poner en marcha la actividad económica. Sí para que las entidades financieras con problemas derivados de su mala gestión puedan tapar agujeros.
Habrá quién diga, quizá, que Washington también optó por buscarle la salida a la crisis bancaria de EEUU con la impresión masiva de papel moneda que se canalizó hacia las entidades financieras en forma de ayudas indiscriminadas. Pero este recordatorio debe incluir algunos matices. Uno de ellos que, a cambio de esas inyecciones de liquidez, el Estado Federal tomó participaciones en el capital de las compañías a las que se vio obligado a rescatar. En unos porcentajes que, además, fuero directamente proporcionales a las cantidades invertidas en el proceso de saneamiento. Muchos devolvieron el dinero rápido. Otros, algunos banco locales, están en proceso de liquidación o, simplemente, han pasado a formar parte de las arcas federales.
Nada de eso tiene que ver con el esquema puesto en práctica en una Europa en la que parece haberse perdido la noción de que el respeto a los ciudadanos y sus derechos debe ser el eje principal de la convivencia. Y lo peor es que mientras este principio básico no se recupere, mientras las autoridades política públicas elegidas en las urnas no trabajen en beneficio de quien las nombró, seguirá la crisis. O sea que quizá tengamos aún crisis para largo. Y sin posibilidad de atisbar una salida.







