El cruce de acusaciones entre Londres y París por ver quién está, en términos económicos, peor situado ha animado bastante el cotarro. Además, se han ido a juntar dos chulos en potencia; los ingleses -que ya se sabe cómo se las gastan- y los franceses -que se las gastan igual, o peor, a pesar de tener menos motivos históricos para ello-. Así que le he preguntado a mi jefe que qué opina de todo esto.
Y él me ha dicho que el debate es bienvenido. Porque supone transparencia. Porque se están lanzando, a voz en grito, cifras, previsiones y estados reales de lo que hay y deja de haber. Aunque mi jefe matiza que hay un ‘pero’ que no le gusta nada, y es la motivación que ha generado ese debate.
Porque ese debate no ha surgido por el respeto que a Cameron y a Sarkozy les suponen sus propios conciudadanos (y a los que les deben el hecho de estar en el poder). Sino que ha surgido por el miedo a que cuatro encorbatados con escasa credibilidad como son las agencias de rating estén amagando un día tras otro con bajar la nota de uno de estos dos países. Sobre todo la de Francia.
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Bienvenido sea el debate entre París y Londres
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