En el entierro de la sardina socialdemócrata, el zapaterismo bate todos los récords de la coherencia. Seguramente, siempre fueron así. Decididos partidarios de no tener problemas con ninguna jerarquía, ni la eclesiástica, ni la judicial, ni la financiera, ni la que representan los gobiernos conservadores que ahora mandan en la UE.
A cada paso que dan esa verdadera naturaleza queda al descubierto. Ahora, por ejemplo, no quieren problemas con la Ley Sinde. Total, no es popular, no provoca problemas con los mercados y no gusta a la mezcla de ejecutivos modernillos y adolescentes que transita por twitter.
Se equivocan. Se puede estar a favor o en contra. Pero no se puede dejar en el limbo un texto legal que afecta a una de las pocas posibilidades que tiene España de establecer una industria propia. La industria cultural del castellano, con más de 400 millones de clientes potenciales. Claro que ahora lo que se lleva es que los nenes demuestren lo que saben y canten en inglés.
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