Las últimas intervenciones y nacionalizaciones que se ha visto obligado a realizar el Banco de España no sólo ha puesto en evidencia a la clase dirigente de una parte importante del sector financiero. Según señalan algunos observadores, las cuentas de las entidades estaban auditadas por firmas de prestigio internacional. Muchos ahora recuerdan que KPMG avaló la fusión de las cajas gallegas, que sería “solvente”, o que no observó ninguna irregularidad en la gestión de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). Igual le ocurrió a Deloitte, que había auditado durante años las cuentas del Banco de Valencia, sin ver nada raro.
La carencia de idiomas de los dos últimos presidentes del Gobierno que ha tenido el país ha generado no pocas carcajadas en un acto que ha reunido este lunes a importantes directivos del sector privado español. Mientras uno de ellos explicaba que en China los empresarios locales simulan no hablar inglés para contar con más tiempo de reflexión mientras el traductor hace su labor, otro ponente ha matizado con cierta ironía que “esa es una estrategia que también utilizan nuestros líderes políticos”.







