El Parlamento Europeo, con toda su sabiduría, ha aprobado por fin una normativa para que no se pueda especular con los derivados vinculados a la deuda soberana (CDS). ¿Y a partir de cuándo? Pues a partir del… ¡año que viene! Esto contrasta con la prohibición que ya existe para los que pretendan especular con los activos de los bancos alemanes, por ejemplo. ¿Cómo se explica que para unos sí y para otros no (o no hasta dentro de doce meses)?
Mi jefe ha contestado que, en su opinión, este doble rasero no es explicable ni desde el punto de vista político ni desde el punto de vista técnico. No hay que olvidar que, precisamente por culpa de los CDS, se desató la crisis financiera mundial en 2008. O eso afirman algunos de los que saben bastante de todo este tema.
¿Entonces? Pues para mi jefe sólo hay dos respuestas posibles; o determinados burócratas de Bruselas son unos ignorantes de campeonato o existe una especulación a ritmo de samba en la administración continental. Y de paso, mi jefe se disculpa por dar una respuesta tan poco agradable. Pero es lo que hay.







