Barack Obama y Nicolas Sarkozy, dos de los mandatarios más poderosos del globo y supuestamente -ambos- muy preocupados por la actual situación económica de Europa, han salido esta mañana ante las cámaras de televisión en Cannes con la intención de dar una rueda de prensa conjunta. Sin embargo, lejos de abordar la grave coyuntura del Viejo Continente, durante unos primeros minutos se han dedicado a hacerse bromas.
A los compañeros que estábamos siguiendo la retransmisión nos ha sorprendido ese buen rollo y esa despreocupación teniendo en cuenta el catastrofismo que se masca en el ambiente desde que el primer ministro griego, Yorgos Papandreu, cuestionase a principios de esta semana el rescate de Bruselas.
Por eso le hemos preguntado a mi jefe si es que nosotros resulta que somos demasiado sensibles o si es que, de verdad, los chistes sobraban. Y aunque él ha matizado que tampoco hay que darse al duelo sevillano ni darse de latigazos, nos ha dado la razón y ha dicho que nuestra primera impresión demuestra lo impresentable del asunto.







