Quédense con su nombre y esperemos que la siguiente noticia no sea leerlo en un obituario: Yasuhiro Sonoda. Este joven político japonés ha bebido un vaso de agua procedente de la central de Fukushima para demostrar que no hay restos de contaminación y que la gente puede volver a sus casas.
El gesto de Sonoda no estaría mal verlo en otras latitudes, por ejemplo al ministro Valeriano Gómez apuntándose a unos cursillos del INEM para demostrar que no es tan malo estar parado en España, o a Trinidad Jiménez bajándose por la escalerilla de un avión en El Aaiún para demostrar lo buenas que son nuestras relaciones con Marruecos, (y que las leches que le dieron a Willy Meyer fueron producto de una confusión colateral).
El político ejemplo queda muy bien en la foto y nos vale para saber que también ellos se pueden poner en nuestro lugar. Quién dice un vaso de agua puede referirse a una lista de espera quirúrgica, o a ponerse en lugar de un autónomo que lleva años adelantando el IVA de facturas que la administración no paga. El verdadero 15-M, el que fija el concepto de indignado, es aquel movimiento que lleva al político a situarse por encima de la humanidad.
Es de esperar que el señor Sonoda viva muchos años y su riñón pueda ser expuesto cómo ejemplo de órgano sano ante una sociedad médica. Que le ocurra algo parecido a lo que le pasó a Fraga tras bañarse en Palomares, una inmersión que le dio fuerzas para cruzar el franquismo y adentrarse con buen pie en la democracia. Siempre ha sido verdad que lo que no mata engorda.







