El panorama que se avecina tras el 20N puede ser devastador. Recortes, recesión, serias dificultades para crear empleo, más la lógica decepción de aquellos que se sumen al cambio y, descubran, poco después que, en realidad, nada ha cambiado. Y nada cambiará porque nadie podrá hacer nada para que cambie.
Entre los decepcionados por el cambio y los desilusionados por Rajoy y aquellos que, en este mismo momento, si pudieran, si tuvieran otra opción no le votarían, puede consolidarse un colectivo que llegue a suponer en todo el país entre un 8% y un 10% del voto.
O esa es la cuenta que dicen que han hecho el nuevo cabeza visible de Intereconomía, Alfredo Dagnino, y el multicondenado ex-banquero Mario Conde.
Un grupo de votantes con el que sería posible instalar en España una réplica del ‘Lepenismo’ francés. De momento, a Rajoy le hace gracia la posibilidad, dicen, porque la existencia del extremo le centra. Pero si habla con Sarkozy igual cambia de opinión.
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