Nunca ha habido tanta expectación entre los autores ante la presentación de las cuentas de la SGAE como la que se respira este año en el sector. A pesar de la crisis y de los problemas, los actuales gestores saben que sólo podrán sobrevivir si la fiesta sigue, o poco más o menos.
Con unas elecciones a la vuelta de la esquina, el equipo actual es consciente de que está obligadao a lograr que la recaudación y el reparto del dinero se mantenga en volúmenes similares a los que conseguían los hombres de Teddy Bautista.
Tan bien les valdría, por supuesto, que si los valores absolutos descienden, aumenten, sin embargo, lo que reciben todos aquellos que van tener posibilidad de votar por primera vez. Aunque para ello, los ingresos habituales de más de una vaca sagrada, tengan que verse reducidos, incluso sustancialmente.
En caso contrario, los ahora denostados leales del teclista canario volverán en olor de multitudes. De hecho, nadie está seguro de que se hayan ido, de verdad.
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