Anda dividida la parroquia democristiana con la irrupción de Mario Conde y su intento de montar un 15M de ultraderecha, o un ‘tea party’ a la española.
Para empezar, en esta tierra de católicos, la mezcla de ultrareligión y ultraconservadurismo mezcla mal. El cocktail no queda tan bien como cuando se trata de esos telepredicadores yanquis, con cadena de televisión propia y exhibicionismo a flor de piel.
Aquí, los que hacen gala de estrechas relaciones con el catolicismo más montaraz, recuerdan siempre que la misericordia, el voto de silencio, el de pobreza y el de castidad, son condiciones imprescindibles para llegar al cielo.
Sin contar con que el paternalismo franquista, en cuyas ancestrales aguas aún beben nuestros conservadores, por liberales que sean, no permite del todo pensar en cargarse alegremente el estado del bienestar.
De modo que, como ya pasó con Libertas, a los de Conde les va a costar conseguir adeptos. Quizá Cascos tenga más suerte.
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La corte de los milagros de Mario Conde
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