El brutal proceso de consolidación que se ha producido en los últimos años entre las grandes cerveceras mundiales no ha terminado aún.
Según algunos analistas consultados por Reuters, la última gran operación corporativa anunciada (la compra de la australiana Foster por la británica Sab Miller, en una operación valorada en 10.200 millones de dólares) probablemente no será la última.
Y aunque el mercado español no tiene, en este momento, una importancia tan relevante como los enormes territorios de China o EEUU, las zonas en las que se juega la gran partida, nuestras marcas más relevantes, están envueltas sin remedio en los vaivenes.
Sobre todo, Cruz Campo, la compañía sevillana, integrada ahora en el imperio de Heineken. Muchos expertos aseguran que Carlsberg y Heineken deben moverse, incluso fusionarse, para evitar ser presas fáciles de un posible movimiento de Am Bev, que es todavía la líder mundial y puede buscar más músculo y otros mercados para no perder su posición.
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Carlsberg, detrás de Cruz Campo y Heineken
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