El Papa cargó contra “los ateos que se creen dioses”, y La Cibeles asintió con la cabeza; justo, era eso, ya está bien de falsos ídolos. La Cibeles está harta de que se le suban a la cabeza las estrellas del Real Madrid cuando ganan, aquí se idolatra a cualquiera.
Algún imaginero habrá que en este momento trabaje en la talla de una Dolorosa para la semana santa y que su cara se parezca a la de Rosa Benito porque de esa manera irán las cámaras de “Gañanes en Directo” a visitar el pueblo. Nos va el asunto mitómano a falta de buenas mitologías que contar, por eso a la última diosa que tiene Madrid le han apartado con el carro a un lado de La Castellana para que decore en las postales sin molestar mucho. No es nada contra la divinidad, es puro pasotismo creyente.
El mensaje de Benedicto XVI causó estragos en La Bolsa de la que salieron los mercaderes huyendo como conejos perseguidos, monte arriba. La Bolsa no tiene remedio divino, más bien parece un lugar en el que hacer un congreso internacional de exorcistas, y arrojar el agua bendita con mangueras de bomberos que mojan todo un edificio.
Se puede no tener fe aunque seguro que esa actitud pasota no agrada a los dioses, y un exceso de ídolos falsos nos tiene confundidos en esta realidad pagana en la que la verdad cuesta 2.30 euros marcando un 906.
En las calles de Madrid hay tanta gente como para hacer otra cruzada, menos mal que se conforman con tocar la guitarra y comer bocatas sentados en las aceras. Sus abuelos tumbaron las murallas de Jericó y ellos no dejan dormir a los vecinos del centro.







