Mi jefe asegura que ‘quitarse el sombrero sería poco ante la inmensa sabiduría, o la inmensa caradura, de algunos altos mandos del sector financiero internacional’ (versión francoalemana en este caso). Lo cierto es que iniciaron el siglo con unas prácticas de riesgo que iban en contra de cualquier fundamento del negocio bancario y, contra algunos pronósticos, van a eludir sus responsabilidades y hasta sacar partido de la crisis mundial que han generado.
Todo gracias a la magia de Merkel, Sarkozy y ese puñado de políticos a quien tanto debe Europa. Ellos han ‘obligado’ a las entidades financieras de sus países a participar ‘voluntariamente’ en la salvación del euro, aceptando una refinanciación negociada de sus inversiones en deuda pública helena.
Y, como dice mi jefe, si las nuevas condiciones acordadas coinciden con lo publicado al respecto por algunas agencias especializadas, van a beneficiarse de un depósito garantizado a 30 años, con una rentabilidad mínima del 5,5% anual más una prima ligada al crecimiento del PIB griego. Eso, en lugar de anotarse unas pérdidas iguales al 70% de la inversión que era lo que les tocaba.






