En casi todas las grandes historias de la historia hay un resentido que, al final, cuenta su versión. Y casi siempre, por cierto, difiere sustancialmente de la oficial.
Sin embargo, lo normal es que pase un tiempo entre el momento en que el resentido sufre la afrenta que le apartará de la corriente dominante y su presentación en sociedad como nuevo heraldo de la verdad absoluta.
Quizá las nuevas tecnologías hayan acelerado también esta secuencia tradicional, como tantas otras. O quizá se exagerada la interpretación que algunos intermediarios financieros, los peor pensados, por supuesto, sobre la inesperada actitud de Lorenzo Bini Smaghi, por ahora todavía consejero italiano del BCE.
Pero lo cierto es que sólo unas horas después de que se supiese que Berlusconi le había invitado a dejar sus puesto en la institución monetaria, Bini ha empezado a contar las verdades del barquero. A decir por ejemplo que los especuladores a corto son quienes sacan partido de las dudas de Angela Merkel sobre el euro.







