Se multiplican las voces críticas contra los planes de rescate. Además, puesto que no resulta posible que sus urdidores hayan fabricado semejantes disparates desde la mala fe o el desconocimiento, lo único que parece probable es que tras estos esquemas habite el interés de salvaguardar a los grandes bancos alemanes y franceses a quienes se unen las principales entidades financieras británicas, en el caso de Irlanda.
Es, muy probablemente, la necesidad de defender a estas grandes compañías lo que está detrás de las medidas draconianas a las que se ven abocados los países de la periferia europea en estos momentos.
Pero también empieza a extenderse un cierto consenso que indica que buena parte de los problemas se han producido por la alegría con la que estas entidades financieras entendieron su tarea como prestamistas.
Esa indolencia a la hora de calcular los riesgos se relaciona con el exceso de crédito que se concedió. Pero a estos malos gestores nadie les despide.







