Opinión

La especulación, los derivados y el uso del dinero público

Con la crisis de las finanzas griegas aún sobre la mesa y un grupo selecto de especuladores financieros internacionales en busca de la fórmula para conseguir una ciclogénesis explosiva con vientos huracanados que se abata sobre las economías del sur de la zona del euro o las islas británicas, los heraldos de los ‘golfos apandadores’, identificados en los servicios de estudios de algunos bancos de negocios y en los departamentos de análisis de riesgo de las agencias de calificación de solvencia, anuncian ya que el euro será el siguiente objetivo previsto en la estrategia de guerra.

Un plan de batalla diseñado, eso sí, sin acritud, y con el único objetivo de ganar la mayor cantidad de dinero posible, por esa cofradía virtual a la que conocemos por el enigmático y genérico nombre de mercados financieros. Si la batalla se cobra algunas víctimas colaterales no importa, según parece. Hay quien dice que la especulación es una característica más del mercado. Y es cierto. Lo malo es que los derivados permiten asaltar la banca sin correr apenas riesgos. Y si se corren siempre se cuenta con el dinero público para las operaciones de reflotación del sector.

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